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Story by Judi Jordan
You have never met a star quite like Laura Elena Harring.
Her own life story would make a great movie, if only
she had the time to sit down and write it. From her rocky childhood
in Los Mochis, Sinaloa, Mexico, to Hollywood’s plush red carpet,
Laura Harring has ridden the wild stallion of destiny as through
there were no tomorrow. Los Mochis has its charms; connected to
Mexico City by highway and to the port of Topolobampo by road and
rail, its lush, forested Sinaloa Park boasts a spectacular golf
course. But Laura never saw it from her side of the tracks. With
the very best of intentions, Laura’s mother led her girls
across the border. They landed in San Antonio, Texas. As a Latino
family they were easy targets for prejudice, and Laura grew up in
a hostile school environment. To add injury to insult, she was even
shot in the head during a drive-by incident. But, miraculously,
she survived.
When finances improved, Laura enrolled in Aiglon College,
a Swiss boarding school, at sixteen. She explored life abroad as
a social worker in India, a hitchhiking hippie with a monkey in
tow, and somehow mastered tango, salsa and transcendental meditation
along the way. Reading philosophy, psychology and poetry, Laura
discovered Jung and Rumi. Then, in a surprising turn of events,
she was crowned the first Latina Miss USA in 1985. She followed
that with another coronation, this time in Europe, as the Countess
of Bismark, wife of German aristocrat Carl Edward von Bismark. But
things didn’t quite add up with the Count. Laura endured a
disappointing divorce, and that metaphorical tiara remains in her
collection of bittersweet mementos.
Her first film role, in 1987’s The Alamo: Thirteen
Days to Glory, happened almost accidentally. Laura had no acting
aspirations, and it came as a surprise when she was cast as the
bride of General Antonio Lopez de Santa Anna, embodied by the legendary
Raul Julia. Encouraged by Julia, Laura studied and improved her
craft at London’s Academy of Performing Arts. Since then she’s
worked steadily in theater, TV and films, paying the rent by making
some outstanding (and a few disappointing) movies along the way.
She was lauded for her portrayal of Marisleysis Gonzalez in The
Elian Gonzalez Story. She has worked with Travolta in The Punisher,
Denzel in John Q and Adam Sandler in Little Nicky. She worked on
the TV series Sunset Beach and Black Scorpion and even dirty-danced
in 1987’s Lambada, The Forbidden Dance.

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Center, Los Angeles |
Laura has patience, and she’s still searching
for her Monster’s Ball. So far, starring roles in big-budget
films have proven elusive, though that’s about to change.
Trade-offs are an integral part of the mysterious casting process,
as David Lynch cleverly illustrated in Mullholand Drive. Maybe it
was not her destiny to have superstardom handed to her via a strategic
relationship with a powerful A-list movie-star mate. Laura might
be too challenging for typical American male celebrities, who generally
like their trophy babes young and blonde, inside and out. Laura
makes no effort to appear vulnerable or girlish; that would be bad
acting.
She’s also a bit of a mystery. Birth dates float
around Laura Harring like butterflies. The IMBD (Internet Movie
Data Base) had her turning 40 on March third, while other web sites
list her age as 37 or 38. She neither confirms nor denies, but in
daylight, with no makeup, Laura does not look a second over 30.
Her perfect skin is fresh, unlined and lit from within by a spirit
that loves freedom.
The recent film The Punisher finally ushered Laura
into the arena of blockbusters. In the big-budget Marvel comic actioner,
she plays Livia Saint, wrathful wife of high-society crook Howard
Saint, played by John Travolta. Livia is a Cuban Cruella de Ville,
with a way cooler wardrobe.
My last interview with Laura was in 2001, only days
after 9/11, and our conversation then was deep and philosophical.
Her biggest film to date had been Mulholland Drive, Lynch’s
cryptic, artistically-acclaimed drama with homoerotic undertones.
Laura’s co-starring performance opposite the still-unknown
Naomi Watts was mysterious, sensual and courageous. Salma’s
tango with Ashley Judd in Frida was tame compared to this girl-meets-girl
thriller. I wondered where Mulholland Drive had chauffeured her
career. Recently, at a Westside L.A. Starbucks, Laura took time
to fill in the gaps.
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Seguro
que nunca han conocido a una estrella como Laura Elena Harring.
Su propia historia de vida podría ser una gran
película, si ella tuviera el tiempo para sentarse y escribirla.
Desde su infancia dura en Los Mochis, Sinaloa, México, hasta
la alfombra roja lujosa de Hollywood, Laura Harring ha cabalgado
el caballo salvaje del destino como si no hubiera un mañana.
Los Mochis tiene sus encantos; está conectada a la ciudad
de México por la autopista y al puerto de Topolobampo por
calle y tren, y su Parque Sinaloa exuberante y arbolado se jacta
de un espectacular campo de golf. Pero Laura nunca lo vio desde
donde estaba. La madre de Laura, con la mejor de las intenciones,
las instó a sus hijas a cruzar la frontera y es así
como llegaron a San Antonio, Texas. Como eran una familia latina,
fueron víctimas del prejuicio y Laura creció en un
ambiente escolar hostil. Y como si esto fuera poco, hasta le dispararon
una bala en la cabeza durante un incidente que presenció
mientras manejaba. Pero milagrosamente sobrevivió.
Cuando mejoraron sus finanzas, Laura se inscribió
en la Universidad de Aiglon, un internado suizo a los dieciséis
años de edad. Exploró la vida fuera del país
como trabajadora social en India, una joven desilusionada de la
vida convencional, y de alguna manera dominó el tango, salsa
y meditación trascendental en el camino. Laura leyó
filosofía, psicología y poesía y descubrió
a Jung y Rumi. Luego, en 1985, sorprendentemente la coronaron como
la primera Mis USA Latina. Siguió con otra coronación,
pero esta vez en Europa, como la Condesa de Bismark, esposa del
aristócrata alemán Carl Edward Bismark. Pero las cosas
no funcionaron bien con el Conde. Laura aguantó un divorcio
frustrante, y esa corona metafórica permanece en su colección
de recuerdos agridulces.
Su primer papel en el cine, en El Alamo: Thirteen Days
to Glory (El Álamo: Trece Días hacia la Gloria), que
se estrenó en 1987, sucedió casi accidentalmente.
Laura no tenía aspiraciónes de actuar, y fue una sorpresa
cuando la contrataron como la novia del General Antonio Lopez de
Santa Anna, representado por el legendario Raúl Julia. Alentada
por Julia, Laura estudió y mejoró su oficio en la
Academia de Artes Dramáticas de London. Desde entonces ha
trabajado continuamente en teatro, televisión y cine, pagando
la renta con sus actuaciones en películas excelentes (y unas
pocas desalentadoras) en el camino. Fue halagada por su representación
de Marisleysis Gonzalez en La Historia de Elián Gonzalez.
Ha trabajado con Travolta en The Punisher (El Castigador), con Denzel
en John Q y con Adam Sandler en Little Nicky (Pequeño Nicky).
Trabajó en la serie de televisión Sunset Beach (Playa
de Sunset) y Black Scorpion (Escorpión Negro) y hasta bailó
sensualmente en Lambada, The Forbidden Dance (Lambada, La Danza
Prohibida), en 1987.
Laura tiene paciencia y todavía está
en busca de su Monster’s Ball. Hasta ahora, sus papeles protagónicos
en películas de presupuesto grande la han eludido, aunque
eso está a punto de cambiar. Quizás no era su destino
llegar al estrellato por medio de una relación estratégica
con una de las estrella más famosas. Laura puede ser demasiado
desafiante para las celebridades típicas estadounidenses,
a quienes generalmente les gusta sus mujeres como trofeos, jóvenes
y rubias, por dentro y por fuera. Laura no hace un esfuerzo para
parecer vulnerable o aniñada; eso sería actuar mal.
También es un poquito misteriosa. Las fechas
de nacimiento flotan alrededor de Laura Harring como mariposas.
En la IMBD (Base de Datos sobre Películas en el Internet)
ella aparece cumpliendo 40 años el 3 de marzo, mientras en
otros sitios del web tiene 37 o 38. Ella no lo confirma ni lo niega,
pero a la luz del día, sin maquillaje, Laura no parece tener
más de 30. Su piel perfecta es fresca, sin líneas
e iluminada desde adentro por un espíritu que ama la libertad.
Su película más reciente, The Punisher,
finalmente la introdujo a Laura en el mundo de las grandes producciones.
Ella tiene el papel de Santa Livia, esposa colérica del estafador
Howard Saint de la alta sociedad, representado por John Travolta.
Livia es una cubana con un guardarropa muy atractivo.
Mi última entrevista con Laura fue en el año
2001, sólo unos días después del 11 de septiembre,
y nuestra conversación en ese entonces fue profunda y filosófica.
Su película más significativa hasta ese momento era
Mulholland Drive, el drama críptico, aclamado artísticamente
de Lynch, con tendencias latentes homoeróticas. La actuación
de Laura junto a la todavía desconocida Naomi Watts fue misteriosa,
sensual y llena de coraje. El tango de Salma con Ashley Judd en
Frida no era nada en comparación con esta película
de suspenso donde dos muchachas se encuentran. Me preguntaba en
qué la había ayudado a llegar Mulholland Drive. Recientemente,
en un Starbucks de la zona oeste de Los Ángeles, Laura nos
respondió esa pregunta y muchas más.
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